Bajo la sombra del buho. I.II.

-¿Quién osa decir semejante cosa?- el robusto hombre se enfureció y buscó con la mirada al creador de dichas palabras.
-Yo- dijo la silueta oscura levantándose.
-Miren señores, un hombretón valiente tiene las agallas de levantarme la voz y encima desafiarme intentando hacer burla- contestó hablando al resto de la posada- no tendrás tantas agallas cuando te parta esa cara que escondes.
-No te atreverás ni a intentarlo, te lo aseguro.
-Me retas…no juegues con fuego muchacho a no ser que quieras salir de aquí con la cabeza de tu perrucho colgando de la punta de mi espada- dijo desenvainando la espada y acercándose a amenazadoras zancadas hacia él.
La silueta se quedó tranquilamente inmóvil mientras el hombre se acercaba enfurecido.
Éste, al ver su pasividad, se acobardó un poco, pero lo quiso disimular una vez bien cerca del muchacho.
-Venga cobarde, saca la espada y luchemos, o le corto el cuello ahora mismo a esa mascotilla tuya, y luego desplumo al pajarraco.
-Créeme, no lo harás- volvió a comentar con una tranquilidad escalofriante.
-¿Cómo que no? ¡Ahora mismo lo vas a ver!- el hombre levantó la espada y con fuerza la dirigió hacia el cuello del perro.
En ese mismo instante, un movimiento rápido y ligero, bloqueó su brazo.
El hombre, miró…y ante sus ojos pudo ver como esa silueta oscura de voz inquietantemente fría, había bloqueado la espada simplemente con su brazo. No había gota de sangre alguna en su ropa.
Asustado, dirigió la mirada, de su espada hacia el frente. Frente en el que se divisaba algo que no esperaba tampoco, por si lo visto no fuera aún suficiente; estaba frente a una mujer. Del brusco movimiento la capucha había descendido de la cabeza hacia atrás colocándose en su cuello, dejando al descubierto el rostro de una mujer.

Una hermosa mujer, de cabellos ondulados largos rubios ceniza y una mirada azul grisácea como el mar en tempestad, acompañado de un brillo que solo los alumbraba cuando se sentía poderosa, cuando sabía que seres que no tenían ninguna posibilidad contra ella, la intentaban retar…cuando olía a lucha.

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