Viaje al norte de Italia.

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A finales de Septiembre, mi chico me dió un sorpresón, ¡nos íbamos de viaje al norte de Italia!
Organizó todo @chenchotours (en instagram), adecuó el presupuesto a lo que queríamos vistar, incluyendo hostal y todos los transportes de trenes, para una vez allí olvidarnos de todo eso.
A parte nos hizo unas guías personalizadas en las que desde un pdf, clicando te llevaba al google maps con su correspondiente ruta visitando los lugares emblemáticos, en resumen, una pasada, sobra decir que lo recomendamos muchísimo.
Por esa razón no voy a basar este post en esos lugares, sino en detalles, curiosidades y anotaciones que hicimos ya al vivirlo.

Comenzamos.

MILÁN:

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Llegamos a Milán y nos fuimos directos al hostal, http://www.milanoostello.it, el cual estaba a unos 10-15 minutos andando de la estación central de trenes y era genial (haciendo clik aquí tenéis el vlog y podéis verlo). Nos pusimos cómodos, fuimos a comprar comida para las cenas y desayunos (y agua, dato importante, el agua sin gas es naturale, el agua con gas frizzante, nos equivocamos en la primera botella ¡pero no más!) que estaríamos, allí en un supermercado cercano y ya por la tarde nos fuimos a ver Milán.
El plan era hacer varias rutas con el bus turístico el cual te muestra la ciudad genial, pero por inexpertos, nos bajamos varias paradas antes, y sí, nos perdimos por Milán, literalmente, eso sí, ver, lo vimos todo entre el bus y las cinco horas andando, incluso se nos hizo de noche, y de camino a la estación central descubrimos un barrio genial para cenar con ambientazo, en el barrio Chinatown, pero sobretodo la calle Vía Paolo Sarpi. Un montón de sitios bonitos, tanto baratos como caros y de mucha variedad de estilos tanto en decoración como de comidas, como de gente, lo tenemos apuntado para la próxima, porque nos encantó.

Venezia.

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Venezia, llegamos y fuimos directos a un free tour, se ponen en las escaleras de Santa Lucía (son tours gratis a los que luego les das la voluntad según tu creas que lo han hecho), con una chica llamada Irene, nos llevó por el norte de Venecia callejeando y contandonos mil historias, leyendas e información sobre la isla, nos encantó y lo recomendamos muchísimo.
Nos dijo un par de detalles para la hora de ir a comer, y es que calidad precio, el barrio judío estaba genial (obviamente la zona más cercana a lo turístico, siempre es mucho más cara, hasta un 200% podía llegar la diferencia), que nos fijáramos porque tanto osterias como trattorias eran los restautantes de comida de allí de verdad, y que lo típico era comer pasta con mariscos, o platos acompañados de polenta, entre otros. Y para beber, el procecco, y el spritz.
Después de todo esto, nos fuimos al barrio judío, y de camino paramos en un barecito escondido donde probamos el procecco (es como un vino blanco espumoso muy seco, muy parecido al cava, pero con un toque diferente) y un par de tapitas, era de esos sitios que no te fijas y pasas de largo pero no se por qué me llamó la atención (igual es la magia de la que se rodea Venecia, quién sabe) y estaba bueno y era barato, Osteria al tajer, calle buranelli, 5068.
Por la tarde había otro tour en el que nos enseñaban el sur de la isla, así que sin tenerlo previsto, allá fuimos (mal, ¡error!), el chico muy simpático, y contó alguna que otra leyenda, pero estaba más centrado en decir donde beber o comer barato que en hacer la ruta y explicar cosas, así que a mitad nos fuimos, hay que sumar que estábamos cansados también y nos hacíamos más que dar vueltas sin ver nada del otro mundo.
Cogimos un helado en la heladería Il doge, calle Dorsoduro, 3058/A, y nos fuimos hacia la estación.
Con el tiempo que nos quedaba antes de que saliese el tren, no nos daba tiempo a ir a ver lo realmente importante de Venecia, y nos dió mucha rabia, porque si no hubiesemos ido al segundo tour, podríamos haber cogido el vaporeto, bajado hasta esa zona, verlo todo y volver a subir, pero bueno, de nuevo errores de principiantes, aun así, creo que Venecia aunque se pueda ver en un día es para disfrutarla mínimo dos días con noche incluída, porque tiene que ser alucinante de noche, así que nada, nos fuimos de Venecia con la promesa de volver a ella.
Varios detalles a añadir aquí, la heladería donde fuimos estaba genial, pero nos recomendaron otra que es heladería Suso, como la mejor de Venecia, y para dulces, la pastelería Tonolo.
Sin olvidar pasar por la librería Aqua Alta (la cual en ciertas épocas del año se inunda, de ahí su nombre), y entrar en ella, contiene dentro góndolas llenas de libros, un balcón que da al canal con una escalera hecha de libros antiguos, y una góndola en el otro balcón en la cual os podéis hacer una foto gratuitamente.
Y por la tienda de máscaras L’artista della Barbaria, Barbaria della Tole 6360/A, es donde compramos nuestra máscara veneciana de recuerdo, es una tienda que llevan dos artistas, un hombre y su mujer, hay tanto máscaras artesanales como de las de plástico, las cuales te explica el hombre la diferencia entre unas y otras. Escoji una artesanal preciosa (he de decir que me costó un poco elegir porque eran alucinantes) y nos la firmó con su nombre, el nombre de la mujer, el lugar y la fecha.

Verona.

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Tercer día, Verona, ciudad conocida por la historia de Romeo y Julieta. En principio fuimos por ello, pero nos encontramos un pueblo precioso con mil cosas para ver, llegamos a una plaza preciosa, llena de casitas de colores, un parque y el Arena de Verona, uno de los cuatro coliseos más grandes de Italia, la entrada son 10 euros y vale la pena verlo porque es precioso.
Después de esto, vimos la casa de Julieta, con su balcón y la estatua de Julieta en la cual la tradición es hacerse una foto tocándole un pecho para tener buena suerte…la verdad es que me decepcionó un poco el ver lo masificado que estaba y como algo tan bonito la sociedad puede hacerlo tan banal… Al salir de esta placita pasamos por una tienda donde hay personas que bordan a máquina en un momento, delantales, toallas, manteles, etc, nos fuimos con una manopla pequeña en forma de corazón bordada con nuestros nombres y baratita como recuerdo (Ricami Veronica, vía Capello, 21).
Más tarde pasamos a la plaza de Dante, la casa de Romeo y la iglesia situada en medio de las casa de Romeo y Julieta donde supuestamente están las tumbas de ambos, preciosas, y a la entrada de una iglesia pequeñita muy bonita.
Comimos en la Ostería del Duca, vía Arche, 2 (en la misma calle de la casa de Romeo). Un lugar bonito de varias plantas con platos típicos, yo me pedí unos Penne di Romeo con radicchio rosso y gorgonzola, y de segundo carne de caballo (es muy típica allí) acompañada de polenta. Mi chico se pidió tagliatelle con ragú de pato y steak tartar de carne de caballo, buenísimo también.
Acompañado del vino de la casa (es muy típico el vino de la casa el cual te sacan en una jarrita de un cuarto de litro que da para dos copas y suele estar muy bueno).
De postre decidimos ir a por un helado y dimos con la heladería Bar gelatería San Nicolo, Vía San Nicolo nº5, os recomendamos el helado de chocolate blanco con crunch de pistacho, delicioso.
Al ladito teníamos el puente de piedra, con un río enorme y unas vistas preciosas, al cruzar tenemos un museo castillo el cual sólo vimos desde fuera ya que preferimos poder ver el resto de cosas que teníamos apuntadas.
Seguimos con la ruta viendo varias cosas entre ellas el Duomo de Verona, y el puente Castelvecchio, que son una preciosidad, acabando en un parque al otro lado de este puente el cual es muy grande, bonito y perfecto para ver el atardecer.
En una plaza al lado de la plaza de Dante también encontramos un mercadillo, y muy cerca una cafetería donde comprar agua o tomarse un café muy bien de precio llamada Giornale and caffe dersut, Rand C, Vía cairoli, 1.

Varenna, Bellagio, Cadenabbia y Menagio (Lago Como).

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Lago Como, muy muy cerca de los Alpes Suizos, con sus pueblecitos pintorescos llenos de callejuelas. Llegamos a Varenna en tren, (una estación preciosa de cuento entre las montañas) ahí bajas andando hasta la orilla del lago donde tienes la estación del ferry, compramos un bono para poder usarlo durante todo el día las veces que quisieramos, ya que sale más barato que pagar uno a uno cada viaje, dejamos Varenna para lo último y nos vamos directos a Bellagio (apunte, en el ferry el airecito fresco se nota, así que llevar algo de abrigo).

Bellagio.

Nada más llegar a Bellagio te das cuenta de que hay que callejear, así que eso hicimos, callejuelas empinadas, callejuelas con escaleras, llenas de flores, de plantitas, todo muy pintoresco, y a parte también lleno de tiendecitas. En una de ellas, mi chico pudo comprar la cerveza Nastro Azzurro (como fan de Valentino Rossi, quería hacerse con un par) por sólo 2’50 euros (muy barato) en la tienda Frutta e verdura Ponisio Maria Elena, Vía Garibaldi, 64.
Dejamos las callejuelas y descubrimos un camino hecho todo de piedra por donde fuimos hasta la punta de Bellagio, donde habían unas vistas magníficas.
De nuevo volvimos a la zona del ferry, e hicimos una parada en el Bar Sanremo, (L.L. Manzoni, 40) para poder ir al baño y comprar agua, genial de precio.
Y ya cogimos de nuevo el ferry para ir a Cadenabbia.

Cadenabbia.

Cadenabbia nos sorprendió muchísimo, teníamos para ver Villa Carlotta, un palacete museo con unos jardines preciosos.
Esta conocida villa fue construida por el banquero milanés Giorgio Clerici alrededor del año 1690, más tarde, la villa cambio de dueños hasta que el año 1843, la compro finalmente, la princesa Marianna de Nassau como regalo para su hija Carlotta, de la que toma su nombre, por la celebración de su boda con el duque George de Sajonia – Meiningen.
La entrada son 10 euros, vale la pena pagarlos, el palacete es precioso, lleno de cuadros y esculturas en la primera planta y la planta de arriba conservada con unos techos pintados muy bonitos, los muebles originales, unas lámparas increíbles, y unas vistas inmejorables.
Una vez visto esto,pasamos a los jardines, aquí tienes dos opciones, el camino corto, de media hora (en el cual ves lo básico, y es el que hicimos, ya que el cansancio era bastante grande de todos los días sin parar) y luego otro recorrido de hora y media (sin contar paradas a hacer fotos) en el cual subes y bajas por todos los rincones, llegando incluso a una cascada. Nos quedamos con ganas de hacer este recorrido, porque debe ser precioso (aunque el de media hora también lo es), creo que es para pasarse allí todo el día para poder verlo y disfrutarlo bien.
Después, dadas las horas que eran, decidimos parar a comer en el Ristorante Rodrigo, quedaba entre Villa Carlota y la estación del ferry, estaba bueno, bien de precio y con vistas directas al lago, os lo recomendamos. En este caso pedimos pizza, vino tinto de la casa (también muy bueno), Capuccino y Marocchino (este último es como un capucchino pero sin leche).
Tocaba pasar a Menaggio (podíamos haber ido andando desde Cadenabbia, pero ya sabeis, el cansancio acumulado), pensabamos que en ferry se podía ir directos, pero no, tuvimos que coger el ferry de Cadenabbia a Bellagio, de Bellagio a Varenna, y de Varenna a Menaggio, por suerte, nos encantaba poder amortizar el ferry de esa manera, así que allá fuimos.

Menaggio.

Aquí hay poco que contar, llegamos, andamos hasta el puerto deportivo y nos volvimos, no era un pueblo para el turista que viene a pasar el día, era más bien un pueblo para estar en el hotel / spa / restaurante. Era un sitio de dinero y todo enfocado a ello, o esa al menos es la impresión que nos dió, mientras en los demás pueblos tenias caminos por el borde del lago, aquí si querías ver el lago era pagando para entrar en algún bar/restaurante para tomarte algo y nada barato.

Varenna.

Volvimos a Varenna, aquí era callejear, a parte también había un pequeño castillo con una torreta la cual quedaba más alejada y nos lo dejamos por ver.
Llegando desde el ferry descubrimos que había todo un paseo de piedra precioso que bordeaba el pueblo, así que al bajar, ahí fuimos directos, y en efecto, era precioso, tanto el camino, como las vistas.
Paseando por ahí llegamos hasta un par de heladerías que hacen esquina, y curiosamente, en las calles de escalones que suben que hay a sus laterales, una de ellas tenía cojines y esterillas para sentarse, deducimos que era un plan perfecto, coger un helado y sentarse ahí a ver el atardecer, así que eso hicimos, paramos en la gelateria La Passerella, y nos sentamos en esos cogines a disfrutar del final del día.
Volvimos hacia la estación de tren, y aquí tengo que puntualizar algo, la pantalla de trenes estaba en una especie de sala en la cual resguardarse del frío, genial, lo que no fue tan genial es que a cierta hora esa sala se cerrase (aun quedaban trenes por pasar), dejándonos fuera con el frío y sin pantalla donde ver los trenes, ya que fuera no había ninguna. Por suerte nosotros ya nos manejabamos genial con el asunto trenes, pero para las personas que no, no había donde acudir, ya que a parte no había nadie a quien preguntar, menos mal que siempre hay gente amable que puede ayudarte, pero creo que está muy mal hecho, y es una pena porque es una estación preciosa de cuento, y que pase algo así lo vimos un detalle bastante feo.

Milán.

Ya el de vuelta. Todos los días de camino de la estación al hostal pasabamos por un restaurante que siempre tenía gente y el cual tenía muy buena pinta, así que allí paramos a comer el último día antes de volvernos a España.
Se llamaba Il mattone rosso, en la Vía Soperga, 22, y no pudimos elegir mejor. Habían varias opciones de menú, pizza+bebida+café=7’50, primer plato+bebida+café=7’50, Segundo plato+bebida+café=8’50, Primer plato+Segundo plato+bebida+café=10 euros.
Precio, no hay más que decir, y calidad, muy buena, de hecho es la mejor pizza que nos comimos allí.

Y ya aquí se acaba la aventura, coger un autobús en la estación central (Milano centrale) que nos llevó al aeropuerto de Bergamo, a esperar y volvera casa.

He de añadir un par de cositas, en los trenes, no os fijeis en el destino a la hora de ir a cogerlo, fijaos en que el número de tren coincida con el número de tren de vuestro billete, cuando descubrimos esto, fue una maravilla y nos fue todo mucho más fácil, nos volvimos expertos con este simple detalle.

Y otra cosa es que con el idioma nos fue bastante fácil entendernos (excepto cuando te hablaban de golpe y muy rápido XD), consta decir que no sabemos italiano (sólo entendemos palabras por su semejanza con el castellano o valenciano) y de inglés sólo lo más básico, puede parecer una tontería, pero a mi es algo que me preocupaba dado que no había salido de españa aun y me sorprendió ver la facilidad con la que nos desenvolvimos entre un idioma y otro.

Y esto es todo, un viaje genial que recomiendo hacer, sabiendo ciertos detalles, a la próxima ¡más y mejor!

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